Comunidad de Madrid
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| País | |||||
| Capital | Madrid | ||||
| Lengua(s) oficial(es) | Español | ||||
| Superficie - total - % de España | Lugar nº 12 8.021,80 km² 1,6% | ||||
| Población - Total (2007) - % de España - Densidad | Lugar nº 3 6.081.689 13,45% 758,14 hab./km² | ||||
| Gentilicio | madrileño/madrileña | ||||
| Estatuto de autonomía | 1 de marzo de 1983 | ||||
| ISO 3166-2 | ES-M | ||||
| Fiesta oficial | 2 de mayo (Día de la Comunidad de Madrid) | ||||
| Representación parlamentaria - Congreso - Senado - Asamblea | 35 escaños 11 escaños 120 escaños | ||||
| Presidente | Esperanza Aguirre (PP) | ||||
| Comunidad de Madrid | |||||
La Comunidad de Madrid es una comunidad autónoma de España situada en el centro de la Península Ibérica y, dentro de ésta, en el centro de la Meseta Central. Limita con las provincias de Guadalajara, Cuenca, Toledo (Castilla-La Mancha), Ávila y Segovia (Castilla y León). La Comunidad de Madrid es uniprovincial, por lo que no existe Diputación. Su capital, Madrid, es también la capital de España. Su población estimada es de 6.081.689 habitantes (INE 2007), la cual se concentra en el área metropolitana.
Esta comunidad, que forma parte del territorio histórico de la región de Castilla, posee una posición central en la red de medios de transportes de España. Tiene una de las economías más importantes del país, condición motivada en gran parte por albergar la capital del Estado.[1] Asimismo, cuenta con un rico patrimonio artístico y natural.
La conformación de la actual comunidad autónoma vino precedida de un intenso debate político, en el contexto preautonómico de los últimos años setenta. En un principio, se planteó la posibilidad de que la provincia formara parte de la comunidad de Castilla-La Mancha, si bien con un estatuto especial, dadas sus especiales condiciones al albergar la capitalidad del Estado. En el año 1981,[2] se resolvió finalmente su desvinculación de esta región, heredera de la antigua Castilla la Nueva, a la que Madrid pertenecía desde el siglo XIX; y, en 1983, se constituyó la actual comunidad autónoma.
La Villa de Madrid fue elegida entonces capital de la región, si bien han surgido diferentes iniciativas para que otras ciudades alberguen la capitalidad. Es el caso de Alcalá de Henares, que presentó oficialmente su candidatura en los primeros años ochenta y, más recientemente, de Getafe, que en 2006 anunció su aspiración de arrebatarle el título de capital a la Villa de Madrid.[3]
Historia
La Historia de la Comunidad de Madrid es muy reciente. La provincia se constituye administrativamente en el siglo XIX y, a finales del siglo XX, se configura como una comunidad autónoma uniprovincial. No obstante, existen algunos hitos históricos anteriores, decisivos para la definición del actual perfil de la región:
- La presencia de asentamientos humanos, de gran importancia y extensión, en la Prehistoria;
- La aparición de Complutum (Alcalá de Henares) en la época romana;
- El carácter defensivo que adquiere el territorio madrileño en el periodo andalusí y el papel de Mayrit (Madrid) en la defensa de Toledo;
- La constitución del concejo de la Tierra de Madrid durante la Reconquista, primer gran embrión de la posterior realidad administrativa;
- La designación de la Villa de Madrid como capital durante el Renacimiento, en lo que constituye el segundo y más decisivo embrión;
- La expansión metropolitana del siglo XX, que resulta transcendental para la conformación de la actual comunidad autónoma.
Entre todos estos hitos, la capitalidad se destaca como el de mayor determinación histórica,[4] ya que se encuentra en el origen de la provincia madrileña, constituida en el marco de la división provincial de España en el siglo XIX. A este hecho se le añade, en el siglo XX, la condición metropolitana de Madrid, aspecto clave para su segregación de la antigua región de Castilla la Nueva, en la que Madrid estaba integrada, dados los fuertes desequilibrios sociales, económicos y demográficos que Madrid introducía, y su configuración como comunidad uniprovincial.
Prehistoria, época romana y época visigótica
El territorio actual de la Comunidad de Madrid estuvo poblado desde el Paleolítico Inferior, principalmente en lo que respecta a los valles interfluviales de los ríos Manzanares, Jarama y Henares, donde se han hallado abundantes y ricos yacimientos arqueológicos. Entre los vestigios más importantes que se han encontrado, destaca especialmente el vaso campaniforme de Ciempozuelos, que ha dado nombre a un tipo especial de cerámica (data del Bronce Inicial, entre 1970 y 1470 a. C.[5] ). También se han descubierto pinturas y grabados rupestres en La Pedriza del Manzanares, en el término de Manzanares el Real, y en la Cueva del Reguerillo, cerca de Patones.
Durante el Imperio Romano, la región quedó integrada en la provincia Citerior Tarraconense, excepto la parte suroccidental, en el Alberche, que pertenecía a la Lusitania. Estaba surcada por dos importantes calzadas romanas, la vía xxiv-xxix (de Astorga a Laminium) y la xxv (de Emerita Augusta a Caesaraugusta), y contaba con algunas urbes de importancia. La ciudad de Complutum (Alcalá de Henares) alcanzó cierta relevancia hasta el Bajo Imperio, mientras que Titulcia y Miaccum, al pie de la sierra, destacaron como cruces de caminos.
En la época visigótica, la región perdió toda importancia. Su población se dispersó en pequeñas aldeas e, incluso, Complutum entró en decadencia. Alcalá de Henares fue designada sede episcopal en el siglo V, por orden de Asturio, arzobispo de Toledo, pero este hecho no fue suficiente para devolverle el esplendor perdido.
Al-Ándalus
El centro peninsular fue una de las regiones más despobladas de Al-Ándalus hasta el siglo XI, cuando empezó a despuntar como un enclave militar de gran importancia estratégica. Los musulmanes pusieron en pie un sistema defensivo de fortalezas y atalayas, con el que intentaron detener el avance de los reinos cristianos, a lo largo y ancho del territorio actual de la comunidad autónoma.
La fortaleza de Mayrit (Madrid) se erigió en una fecha indeterminada entre los años 860 y 880, como un ribat, un recinto amurallado donde convivía una comunidad a la vez religiosa y militar, en lo que constituye el núcleo fundacional de la ciudad. Pronto se destacó como la fortificación de mayor valor estratégico en la defensa de Toledo, por encima de Talamanca de Jarama y de Qal'-at'-Abd-Al-Salam (Alcalá de Henares), los otros dos enclaves militares más importantes de ese sistema defensivo.
Alrededor de esas tres cabeceras principales, encargadas de defender los caminos fluviales del Manzanares, del Jarama y del Henares, respectivamente, se construyeron varias fortificaciones de carácter complementario ?caso de Qal'-at-Jalifa (Villaviciosa de Odón)?, así como una red de atalayas que permitía la vigilancia de los pasos ?las de Torrelodones, El Vellón o El Berrueco, que aún siguen en pie, son algunas de ellas?. Estas torres-vigía se comunicaban entre sí mediante señales de humo, cuando se producían situaciones de alerta.
En 1083, el rey Alfonso VI tomó la ciudad de Madrid y dos años después entró en Toledo. Por su parte, Alcalá de Henares sucumbió en 1118, en una nueva anexión del Reino de Castilla.
La repoblación cristiana
Las nuevas tierras conquistadas por los cristianos se disgregaron alrededor de varios dominios, como consecuencia de un largo proceso de repoblación (siglos XI a XV), en el que entraron en conflicto los señores feudales o eclesiásticos y los diferentes concejos con potestad real para repoblar.
En el siglo XIII, Madrid fue la única ciudad de la región que consiguió conservar una personalidad jurídica propia, en primer término con el Fuero viejo y posteriormente con el Fuero Real, concedido por Alfonso X en 1262 y ratificado por Alfonso XI en 1339.
Por su parte, Buitrago de Lozoya, Alcalá de Henares y Talamanca de Jarama, que destacaron por su importante capacidad repobladora hasta ese siglo, quedaron bajo el dominio de señores feudales o eclesiásticos. Alcalá, en concreto, pasó a manos del poderoso Arzobispado de Toledo, en el que permaneció hasta prácticamente el siglo XIX.
Alrededor de la actual capital de la comunidad, se constituyó un territorio administrativo denominado Tierra de Madrid, el primer germen de la provincia, que se extendía, en sus extremos, hasta los actuales términos municipales de San Sebastián de los Reyes, Cobeña, Las Rozas de Madrid, Rivas-Vaciamadrid, Torrejón de Velasco, Alcorcón, San Fernando de Henares y Griñón.
Este concejo mantuvo numerosos litigios con Segovia, por entonces una de las ciudades más influyentes de Castilla, por el control del Real de Manzanares, una vasta comarca, que, finalmente, fue cedida a la Casa de Mendoza. La Comunidad de Villa y Tierra de Segovia había convertido en su Sexmo de Casarrubios, en los valles del los ríos Guadarrama y Perales, el alfoz de la antigua medina islámica de Calatalifa (en el actual término de Villaviciosa de Odón).
La capitalidad
La monarquía castellana empezó a mostrar una especial predilección por el centro peninsular, atraída por sus abundantes bosques y cotos de caza. El Pardo era un lugar muy frecuentado por los reyes, desde tiempos de Enrique III (siglo XIV). Asimismo, los Reyes Católicos impulsaron la construcción del Palacio Real de Aranjuez. En el siglo XVI, San Lorenzo de El Escorial se sumó a la lista de Reales Sitios de la actual provincia.
La propia Villa de Madrid, que formaba parte del grupo de dieciocho ciudades con derecho a voto en las Cortes de Castilla, acogió en numerosas ocasiones las Cortes del Reino. Al mismo tiempo, sirvió de residencia a varios monarcas, entre ellos el emperador Carlos I, que reformó y amplió su Alcázar.[6]
A la creciente influencia socio-política de la región,[7] se le añadió, en el siglo XVI, el foco cultural de la Universidad de Alcalá de Henares, que abrió sus puertas en 1508, a instancias del Cardenal Cisneros.
En 1561, el rey Felipe II situó la capital de su imperio en Madrid, en lo que puede considerarse el segundo embrión ?y tal vez más decisivo? para la configuración posterior de la provincia madrileña.
Con la capitalidad, se impuso un marco de subordinación económica a las tierras colindantes con la Villa de Madrid, que incluso iba más allá de los actuales límites de la Comunidad de Madrid. También se promovió una extensión competencial de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte (de cinco a diez leguas en su torno), en un intento por articular una región alrededor de la capital.
Pero aún se estaba muy lejos de una auténtica realidad administrativa, sobre todo teniendo en cuenta que el Estado del Antiguo Régimen convivía con la existencia de numerosas jurisdicciones señoriales, tanto laicas como eclesiásticas. Entre las primeras, se encontraban señoríos de gran extensión, como el Real de Manzanares ?en manos de los Mendoza? y otros de pequeñas dimensiones, como el señorío de Valverde de Alcalá. Entre las segundas, había jurisdicciones monásticas (como la Cartuja de El Paular), del clero secular (como las extensas posesiones del Arzobispado de Toledo) y de órdenes militares (caso de la Encomienda Mayor de Castilla de la Orden de Santiago, que ocupaba Valdaracete, Villarejo de Salvanés y Fuentidueña de Tajo[8] ).
La Ilustración
En el siglo XVIII tampoco se corrigió la desarticulación administrativa de las tierras madrileñas, a pesar de algunos intentos. En la época de Felipe V, se creó, a escala nacional, la figura de las Intendencias, con poder político-administrativo. Sin embargo, la Intendencia de Madrid no resolvió el problema de raíz y la actual provincia continuó fragmentada en varios dominios, si bien se racionalizaron los procesos a la hora de ejecutar proyectos centralizados.
A Guadalajara le correspondían los partidos de Colmenar Viejo y Buitrago de Lozoya, así como el señorío del Real de Manzanares, coincidente en gran parte con la actual comarca de la Sierra de Guadarrama. Segovia extendía sus dominios al Norte y Oeste de la actual provincia madrileña, mientras que Toledo ocupaba el Este, con Alcalá de Henares y Chinchón como núcleos destacados. De Madrid dependían Casarrubios, en la actual provincia de Toledo, y Zorita de los Canes, en la de Guadalajara.[9]
Esta dispersión territorial afectaba a procesos tan básicos como el abastecimiento de Madrid, que había disparado su población hasta convertirse en la ciudad más habitada de la monarquía. El efecto fue drástico: mientras que la Villa de Madrid absorbía un mayor volumen de renta procedente de todo el país, su territorio colindante ?en manos de casas nobiliarias y del poder eclesiástico o bajo el influjo real? tendía a empobrecerse, sin posibilidad alguna de desarrollarse un tejido socio-económico acorde con las necesidades de la capitalidad.
Otro de los problemas que la capitalidad puso en evidencia fue la ausencia de infraestructuras. El entramado de caminos de la Submeseta Sur tenía su centro en Toledo y hubo que articular una red para garantizar el abastecimiento de la ciudad. Del siglo XVIII data la estructura radial de las comunicaciones españolas, que tiene su punto neurálgico en la ciudad de Madrid.[10]
A lo largo del siglo XVIII, la Villa de Madrid se transformó con grandes obras urbanísticas, al compás de las corrientes ilustradas. Destaca la labor de Carlos III, que dotó a la ciudad de algunos de sus más bellos edificios y monumentos, al tiempo que promovió la creación de instituciones sociales, económicas y culturales, que aún perviven.
La Villa de Madrid cerró el siglo XVIII con 156.672 habitantes (antes de la capitalidad, se estimaba una población en torno a los 15.000 vecinos), según el censo realizado en 1787, el primero, con carácter oficial, que se realizó en la ciudad.
De provincia a comunidad autónoma

El territorio de la Comunidad de Madrid alcanzó sus límites territoriales actuales en 1833 con la división de España en provincias,[11] una de las cuales fue la de Madrid. En esta división, la provincia fue adscrita a la región de Castilla la Nueva, la cual, como el resto de regiones, constituía apenas una clasificación, al carecer de cualquier órgano o institución administrativa. Junto con la de Madrid, fueron adscritas a Castilla la Nueva las provincias de Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo. Las provincias han conservado prácticamente iguales sus límites hasta la actualidad.
En el siglo XX, durante el proceso preautonómico de finales de los años setenta, en la antigua región de Castilla la Nueva reapareció el temor a que las especiales condiciones económicas y demográficas de Madrid fueran un factor de desequilibrio, por lo que finalmente, la provincia de Madrid se configuró como comunidad autónoma uniprovincial. Fue la última comunidad en constituirse.
Por su parte, las provincias de Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo (que pertenecían a Castilla la Nueva), junto con la de Albacete (que estaba integrada en la región de Murcia), constituyeron la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.
El Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid fue aprobado el 1 de marzo de 1983.[12] La provincia de Madrid se conformó como comunidad autónoma bajo la Ley Orgánica 3/1983, del 25 de febrero (BOE 1-3-83) y con la denominación de "Comunidad de Madrid".
Desde su nacimiento han sido elegidos tres presidentes autonómicos: Joaquín Leguina (1983?1995), del PSOE; Alberto Ruiz-Gallardón (1995?2003); y Esperanza Aguirre (2003 hasta la fecha), estos dos últimos del PP.
Símbolos
La Ley 2/1983, de 23 de diciembre, de la bandera, escudo e himno de la Comunidad de Madrid define y regula los símbolos de la Comunidad de Madrid:[13]
Bandera
La bandera madrileña toma el fondo rojo carmesí del pendón de Castilla. Las siete estrellas, que simbolizan la constelación de la Osa Mayor, proceden del escudo de la Tierra de Madrid, concejo formado en tiempos de la Reconquista. Las cinco puntas de las estrellas representan a las cinco provincias limítrofes a Madrid (Ávila, Cuenca, Guadalajara, Segovia y Toledo). Las siete estrellas se alinean en dos filas: en la superior se sitúan cuatro y en la inferior las tres restantes. Diferentes municipios que formaron parte del antiguo concejo de la Tierra de Madrid las incorporan en sus escudos heráldicos. Es el caso de la Villa de Madrid y de Las Rozas de Madrid, que las integraba hasta 1995, cuando el consistorio roceño diseñó un nuevo escudo. Poblaciones situadas bajo la influencia de este concejo también incluyen en sus escudos las siete estrellas (Guadarrama, Valdemorillo o Fresno de Torote). El escudo de Tres Cantos igualmente las incorpora, aunque, en este caso, no como reflejo de su pertenencia al concejo de la Tierra de Madrid, sino en clara referencia a la simbología de la comunidad autónoma. Se trata del municipio más joven de la provincia, constituido en 1991 ?cuando se segregó de Colmenar Viejo?, ocho años después de ser aprobada la bandera y el escudo de la Comunidad de Madrid. Popularmente, las siete estrellas se conocen como las siete puertas de entrada a Madrid.[14]
Escudo
El escudo de la Comunidad de Madrid es descrito heráldicamente en el Anexo 2 del Decreto 2/1984, en los siguientes términos:
Comarcas y municipios
Comarcas
A diferencia de otras comunidades autónomas, la Comunidad de Madrid carece de una comarcalización que tenga relevancia administrativa. No obstante, algunas instituciones autonómicas han delimitado[15] diferentes áreas a partir de criterios de homogeneidad geográfica y sociodemógrafica, que toman su nombre de los puntos cardinales y de los principales ríos de la región. Su validez se limita a promociones turísticas[16] o a divisiones agrícolas.
Ni siquiera se encuentra definida legalmente el área metropolitana de Madrid, a pesar de su importancia social, demográfica y económica y las necesidades que, en términos de infraestructuras, urbanismo o transportes, comparten los municipios situados bajo la zona de influencia de la capital.
La clasificación que ha conseguido un mayor nivel de implantación, elaborada por la Dirección General de Turismo, establece ocho grandes comarcas y deja al margen al área metropolitana de Madrid:
- Sierra Norte
- Sierra Oeste
- Comarca de Las Vegas
- Cuenca del Guadarrama
- Cuenca Alta del Manzanares
- Cuenca del Medio Jarama
- Cuenca del Henares
- Comarca Sur
Popularmente, los madrileños clasifican su región a partir de las áreas de influencia de las seis autovías radiales que surcan la provincia. La que se articula alrededor de la A-2 recibe el nombre oficioso del Corredor del Henares.
La ausencia de una comarcalización administrativa es consecuencia de la conformación del área metropolitana de Madrid a lo largo del siglo XX y, especialmente, en su segunda mitad. La progresiva implantación de esta nueva realidad desdibujó el perfil de las comarcas históricas madrileñas, que se relacionan a continuación:
- Valle del Lozoya
- Guadarrama
- Somosierra
- Valle del Alberche, compartido con Toledo
- Lomo de Casarrubios
- Comarca de Alcalá, con dos subcomarcas:
- *Alcarria de Alcalá
- *La Campiña, compartida con Guadalajara
- Alcarria de Chinchón
- Cuesta de las Encomiendas
Municipios
La Comunidad de Madrid se organiza territorialmente en 179 municipios y en 801 localidades y entidades menores de población. Posee el 2,2% de los municipios totales que integran el territorio español (8.110). Es la vigésimo tercera provincia española en número de ayuntamientos y se sitúa ligeramente por encima de la media, cifrada en 165 municipios por provincia (Burgos cuenta con el mayor número de términos municipales con 371 ayuntamientos, y Las Palmas es la provincia que tiene menos con 34).
Existen veinte partidos judiciales, cuyas cabezas corresponden a los siguientes municipios (el histórico partido judicial de San Martín de Valdeiglesias perdió esta consideración en el año 1985):
La superficie media de los municipios madrileños es de 44,8 km², un promedio bajo el que se esconden grandes oscilaciones. El más extenso de todos ellos es Madrid, ayuntamiento que anexionó, entre 1948 y 1954, los municipios limítrofes de Chamartín de la Rosa, Fuencarral, Hortaleza, Canillas, Canillejas, Moratalaz, Vallecas, Villaverde, Carabanchel y Aravaca, convertidos hoy en distritos o barrios.
Los cinco términos municipales más grandes son Madrid, con 605,8 km²; Aranjuez, con 189,1 km²; Colmenar Viejo, con 182,6 km²; Rascafría, con 150,3 km²; y Manzanares el Real, con 128,4 km².
Los de menor superficie superficie son Casarrubuelos, con 5,3 km²; La Serna del Monte, con 5,4 km²; Pelayos de la Presa, con 7,6 km²; Madarcos, con 8,5 km²; y Torrejón de la Calzada, con 9,0 km².
Medio físico
Ubicación
La comunidad autónoma tiene una superficie de 8.021,80 km². Sus límites describen un triángulo equilátero aproximado, en el que su base está en la linde con la provincia de Toledo, al sur, y su vértice superior en el puerto de Somosierra, al norte. El término municipal de Aranjuez rompe esta forma triangular, a modo de apéndice que se adentra en la provincia de Toledo. Fuera de ese triángulo, rodeada por las provincias de Ávila y Segovia, se encuentra la Dehesa de la Cepeda, que pertenece al municipio madrileño de Santa María de la Alameda. La región está situada en el centro de la Meseta Central, en la parte septentrional de la Submeseta Sur, entre el Sistema Central (al norte y noroeste) y el río Tajo (al sur y sureste). Limita al norte y al oeste con Castilla y León (provincias de Segovia y Ávila) y al este y al sur con Castilla-La Mancha (provincias de Toledo, Guadalajara y Cuenca).